En la comunidad teatral de Houston, donde el teatro en español está empezando a cobrar fuerza, no solo es crucial aprender a emitir críticas de calidad, sino también saber cómo escucharlas.
Aunque el proceso creativo es muy personal, recibir y procesar críticas es una herramienta indispensable para el crecimiento de cualquier artista, al igual que lo es en la vida. Sin embargo, la naturaleza subjetiva del arte a menudo provoca que escuchar críticas, sobre todo las negativas, se sienta como un ataque personal. ¿Cómo podemos los hacedores de teatro abrirnos a estas observaciones y convertirlas en oportunidades para mejorar?
Uno de los primeros pasos para recibir la crítica de manera productiva es cambiar nuestra postura ante ella. La crítica no es una evaluación final ni tampoco un veredicto, sino una observación externa que puede enriquecer nuestro trabajo si la sabemos procesar adecuadamente. Este proceso de escuchar de manera receptiva, sin sentirse atacado, requiere desprenderse del ego, una tarea nada fácil en el mundo del arte. Edward Said, el activista y filósofo muy reconocido como crítico literario de mediados del siglo pasado, en su análisis sobre la crítica literaria, habla de la importancia de la “crítica como acto de libertad”, y eso me encanta. Porque no lo dice como un acto de libertad de quien la expresa, sino que recibirla es un ejercicio de liberación del artista frente a su obra. Esto me recuerda muchísimo a una expresión de mi madre: Hay que separar los hechos de las personas que lo realizan. Es un equivalente ¿no lo creen? Lo cierto es que esta mirada nos invita a tener la crítica no como una amenaza, sino como una herramienta que puede ayudarnos a perfeccionar y profundizar en nuestras decisiones creativas.
El reconocido pedagogo teatral Sanford Meisner, famoso por su técnica basada en la escucha activa entre actores, muy nombrada y revalorizada en estos tiempos, plantea que la base de una buena actuación es la capacidad de reaccionar genuinamente ante lo que el otro dice o hace. Aunque Meisner se refiere a actores en escena, el principio de escuchar de forma receptiva y sin defensas puede trasladarse fácilmente al ámbito de la crítica teatral. Recibir una observación con una mente abierta, sin interrumpir con justificaciones o rechazos inmediatos, permite que esa crítica se transforme en una retroalimentación útil. Así como Meisner trata de promover en los actores el «estar presentes» para reaccionar de manera auténtica, los artistas deben aprender a estar presentes cuando escuchan críticas, sin anticipar o temer a lo que se va a decir.
El principal reto para muchos teatreros es aprender a manejar las emociones que surgen cuando una crítica es negativa. Entiendo que sea completamente natural sentirse molesto, defensivo o entristecido al escuchar que alguien expresa una opinión desfavorable sobre una obra en la que has invertido tanto tiempo y energía. Es natural, sin embargo, mi estrategia siempre es recordar que una crítica negativa no es un juicio definitivo sobre tu valor como artista. Susan Sontag, esta crítica cultural estadounidense incluida en buena parte de los programas de gestión cultural en Latinoamérica, en su célebre ensayo «Contra la interpretación», palabras más palabras menos, dice que la crítica no debe ser vista como un ataque personal, sino como una oportunidad para reexaminar la obra desde otra perspectiva. Al cambiar la forma en que percibimos la crítica, podemos empezar a verla como un paso necesario para el desarrollo artístico. Repito, esta es la base también de la vida, tan expresada por los innumerables coaches hoy en día, no es nada distinto.
Otra clave para recibir críticas de manera constructiva es aprender a hacer preguntas de calidad. La clásica pregunta «¿Qué te pareció?» puede parecer inofensiva, pero a menudo es agresiva y al mismo tiempo evasiva. Es evasiva porque no invita a una respuesta específica, y es agresiva porque muchas veces la persona no se siente en confianza para decir que algo no le gustó para no insuflar al artista. El resultado suele ser una respuesta vaga o diplomática que no brinda información útil para el creador. En lugar de esto, es fundamental hacer preguntas más específicas. Preguntar “¿Cómo sentiste la empatía entre los amantes?” o “¿Crees que el conflicto causó tensión extrema como pretendíamos o pudo aún causar más?” orienta la conversación hacia puntos concretos, lo que permite obtener comentarios que realmente puedan mejorar el trabajo.
Este enfoque de hacer preguntas precisas también se apoya en la premisa de «pregunta bien para que te respondan bien» que alguna vez leí en un libro dedicado a la comunicación. No se trata de buscar respuestas que halaguen el trabajo, sino de invitar a la reflexión. Al formular preguntas detalladas sobre aspectos técnicos, emocionales o narrativos de la obra, el artista abre la puerta a una crítica que va más allá del simple «me gustó» o «no me gustó». De hecho, Aristóteles, en su «Poética», ese primer libro de estudio en cualquier escuela de teatro, ya subrayaba la importancia de entender el propósito de una obra de arte para poder evaluarla adecuadamente. Entonces, por allí iría mi primera pregunta al público, a detectar si el o los propósitos se interpretaron.
La pregunta sobre si gustó o no es casi retórica, pues el público rara vez dirá directamente «no me gustó». Tenemos que ejercitar las formas de hacer preguntas al público. No soy experta lo aclaro, pero tiendo a aplicar, y ya sé que lo he dicho mucho, lo que aplico en la vida cuando pregunto algo a mis hijos y quiero información y no sólo un sí o no, cuando quiero mejorar un plato de comida que he servido con esmero y no solo quiero acariciar mi ego sino hacerlo cada vez mejor. Preguntar con genuina curiosidad es clave, a mi entender.
Muchas veces, los espectadores y nosotros también cuando cumplimos ese rol, suavizamos los comentarios por cortesía, lo que deja al artista sin el tipo de retroalimentación que realmente necesita. Por eso, al formular preguntas enfocadas y no invasivas, es posible obtener respuestas más honestas y útiles. En lugar de preguntar por juicios generales, es más valioso preguntar cómo ciertos aspectos de la obra resonaron en el público: “¿Te pareció que la escena final cerró bien la historia?” o “¿La relación entre los personajes principales te resultó creíble?” “¿Habías visto una historia similar a esta en el teatro?” o incluso decir “Si pudieras cambiar una sola cosa que creerías que mejoraría el montaje cuál sería”.
Son incontables las conversaciones en las que he participado, luego de haber presenciado una obra, en las que hemos tenido un debate delicioso, pero la mayoría de las veces contrario al simple me gustó que fue dicho a alguien de la producción. La razón que se esgrime al preguntarnos por qué no lo expresamos es la de no herir susceptibilidades. Y así vamos, en una deshonestidad improductiva por no saber expresar y porque creemos que no nos sabrán escuchar.
La capacidad de escuchar y procesar críticas, sobre todo en una comunidad teatral en crecimiento como la de Houston, es esencial para el desarrollo de cada producción y de la escena teatral en general. Hay un principio que uso mucho al enseñar habla pública y es el de se es mejor hablante si se es mejor oyente, eso mismo invito a aplicar en este contexto: expresaremos mejor nuestro arte el día en que sepamos escuchar mejor lo que se dice de él.
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Por Georgina Palencia, Directora de Teatro Loft.

